FESTIVAL BRAVO: Percepciones personales de una experiencia diferente

Texto por: Miguel Cruz
Fotos por: Noel Calderón

Fue un fin de semana de muchas ‘primeras veces’. Por primera vez usé un par de tenis que me fascinan, escribo mi primer nota en este medio, por vez primera asisto a un concierto en un bosque, a la primera edición del Festival Bravo, escuché toda la música que allí sonó también por primera ocasión.
A un par de horas de la Ciudad de México, alejarte del caos citadino, para adentrarte a un mágico lugar en Valle de Bravo. La decoración fue extraordinaria. Por donde miraras había un espacio diseñado para hacerte olvidar por un par de días los edificios, el tráfico y el stress común de estos días.




















Arboles decorados, cómodas hamacas en la sombra, columpios, espectáculos de danza, circenses y magia, ambiente relajado, sillas pintadas de colores por doquier, incluso un sillón gigante de paja, y un arco de ramas que te invitaba a despedirte de tu mundo, para entrar al mundo que los organizadores pensaron para ti.
Confieso que no soy tan conocedor del arte que allí se compartió. El calor que sentí fue infernal. Tenía hambre y sed. Me acerqué al área de alimentos y no había algo que en verdad me resultara interesante; probé tacos de jabalí, malos. Llegaron pocos asistentes por la tarde y casi nadie escuchaba a las bandas que tocaron temprano. Había de esa tierra que mancha todo lo que toca y aquel par de tenis se ensuciaron en un segundo. Mis pies dolían. 

Adidas acondicionó un stand con puffs que se apreciaban muy cómodos, todos ocupados. Hamacas, ocupadas. Por fin encontré un puff disponible, me acosté a descansar, de pronto se acercó un tipo con una cerveza en la mano, sus amigos jugaban en la mesa de hockey, él empezó a hacer gestos; yo lo miré raramente, él se calmó; pensé que era mi imaginación, dos segundos después ¡otro gesto!; se tranquilizó; caminó hacia mí; justo a mi lado, ¡otro gesto!, intenté moverme; él corrió atrás del logo gigante de Adidas y lo confirmé, vomitó, dos segundos después, muy tranquilo bebió de su cerveza nuevamente y muy natural regresó a la mesa de hockey. Me salvé de ser vomitado. 

LITTLE JESUS comenzó a tocar y todos se reunieron ante el escenario, empezó a hacerse más notorio el olor a marihuana en el ambiente. Tomé un helado de melón; me gustó y todo comenzó a mejorar. Vi a todos sonreír, platicar, a mucha gente abrazándose, todos comenzaron a bailar. 

  

 Con NOMBE todos se volvieron locos, fue una gran talento, música que llenó de ánimo el lugar. 



Era el momento de dirigirme al ‘Escenario Bosque’. Los arboles estaban iluminados de colores del arcoíris, series de foquitos decoraban algunos otros con siluetas de diferentes animales. Al llegar había sillas de colores colgadas en los árboles, el concepto era interesante. El sol se estaba escondiendo. El clima se volvió agradable. Empezó a bajar la gente a este escenario que abrió a las 20 horas. Era el turno de TEEN FLIRT y todos comenzaron a bailar, el sonido era increíble. Así llegaron artistas como PANTHA DU PRINCE y ANDRE VII. 

De pronto estaba frente a mí el chico que vomitó, ya más calmado tomando un poco de agua embotellada, y un chico que se parecía a ‘Nacho Libre’, aquel personaje interpretado por Jack Black, bailar como si fuera un gorila y se acercaba y alejaba del escenario pasando por las filas de bailarines y vi a todos reír, pero no de él, sino animándole a seguir, todos siguieron gritando, el sol ya no estaba, y las luces en los árboles se veían mucho mejor. Todos eran respetuosos. No vi a ninguna persona pelear o intentar armar un alboroto. Si subías nuevamente al escenario principal te iluminaba desde arriba una luz verde que te permitía ver las filas y filas de siluetas que escalaban para tal propósito.

SBTRKT. HAYDEN JAMES y ANDRE POWER se encargaron de cerrar el festival. Por la noche, la iluminación le dio un toque magnifico al ambiente que allí se percibía. 

Ya no me importaba llenar de tierra mi calzado. Me encantó ver a gente de todas las edades participar en las actividades. Había niños, había mascotas, cincuentones y la mayoría jóvenes veinteañeros, todos conviviendo, todos respetando, todos divirtiéndose, todos en su mundo. Yo en ese momento me di cuenta que había salido de mi mundo para entrar al de ellos. Fue magnifico. Yo regresaría sin dudar. Festival Bravo en su primera edición tuvo errores, muy considerables, pero caray, fue su primera vez. 

Estoy seguro de que será un festival que se repetirá, y que yo allí estaré. Claro, será con una gorrita, unos tenis más gastados, más bloqueador solar, una mejor actitud inicial. Lo recomiendo ampliamente. Bravo llegó para quedarse. Bravo, bravo… bravísimo. 




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